El Modelo Rentista
Introducción · Trece capítulos para entender el libro grande antes de abrirlo · Danilo Daneri Solano
Esta introducción es la puerta de entrada a la propuesta de cambio al sistema de pensiones, que desarrollo en un libro con todos los detalles de fuentes y cálculos que dan sustento a mi propuesta. Si al terminarlo usted puede explicarle a otra persona de dónde saldría la plata, habré cumplido.
Capítulo 1
La mesa
Mis padres tenían una mesa larga. Los domingos se llenaba: sus amigos, las señoras, alguno que llegaba sin avisar y se quedaba hasta que oscurecía. Se hablaba de política, de fútbol, del precio de la uva, de la parcela de cada uno. Yo era el niño que escuchaba desde la punta, sin entender casi nada y sin perder una palabra.
Con los años la mesa se fue vaciando. No fue una desgracia de golpe. Fue una silla menos, después otra. Al principio mi padre preguntaba por ellos. Después dejó de preguntar.
No se habían ido lejos ni estaban enfermos. Dejaron de venir. La pensión no les alcanzaba para el bus, para el regalo de cumpleaños, para quedarse a almorzar. Nunca lo dijeron. Yo lo entendí muchos años después, cuando ya era tarde para preguntarles.
Eso no sale en ninguna planilla. Una pensión baja no deja solo menos plata en el bolsillo: deja menos visitas, menos amigos, menos vida. La plata que falta es plata, sí. Pero también es la vergüenza de no poder quedarse.
Cuando mis padres y sus amigos empezaron a acercarse a los sesenta, la pregunta se instaló en la casa: ¿qué va a pasar con mi pensión? La hacían con miedo, con rabia contenida, con esa desconfianza callada de quien ya fue engañado antes. Yo no tenía respuesta. Y me acuerdo de la rabia que sentí por no tenerla.
No fue vanidad. Fue porque había visto, en esa misma mesa, lo que significa llegar al final de la vida con lo justo. Y porque las respuestas que escuchaba —más gasto fiscal, más bonos, más reformas— no hablaban de eso. Hablaban de repartir mejor lo que hay, no de hacer algo que todavía no existe.
No sé si a usted le pasó lo mismo. Puede que tenga a sus padres en esa edad, o que ya sea usted el que hace las cuentas cada fin de mes. En cualquier caso, la pregunta es la misma.
Este libro nació de esa incomodidad. No es un libro de economía y no pretende serlo. Es el intento de una persona común por responder una pregunta que se hace en casi todas las casas de Chile.
No le voy a contar aquí toda la maquinaria: para eso está el libro grande. Le quiero contar la idea, por qué creo que vale la pena y qué tendría que pasar para que funcione.
Capítulo 2
La pregunta
A mí me gusta conversar de esto en la mesa, no en un informe. Y cuando lo hago aparece siempre el mismo comentario: «pero si el problema es que no hay plata».
Y algo de razón tienen. Chile gasta mucho en pensiones y no alcanza. Pero «no hay plata» es la mitad de la historia. La otra mitad es cómo se usa la que hay.
Le voy a hacer una pregunta simple: ¿de dónde sale la plata de una pensión? Sale de tres lugares, y no hay un cuarto.
El primero es el trabajo de los que están hoy: en un sistema de reparto, las cotizaciones de quienes trabajan ayudan a pagar las pensiones de quienes ya se jubilaron. Es una forma de solidaridad entre generaciones, que necesita mantener un equilibrio entre ingresos y obligaciones. Y ese equilibrio se está apretando: en 1990 había seis trabajadores por cada jubilado; hoy hay menos de tres; hacia 2050 serán cerca de dos.
El segundo es lo que cada uno guardó: su cuenta, su ahorro, su pensión. Es el sistema de las AFP, que requiere no tener lagunas y contar con montos importantes de ahorro.
El tercero es lo que produce ese ahorro mientras está guardado: los intereses, la renta, lo que el capital genera por sí solo. Y acá está la diferencia que quiero explorar: qué parte de ese rendimiento se usa para pagar la pensión, qué capital permanece y qué podría pasar a los herederos. Las modalidades actuales tienen reglas distintas; no corresponde decir que en todas el dinero se acaba o que ninguna deja herencia.
Por eso la pregunta que me hice no fue cómo consigo más plata. Fue otra: ¿podemos organizar una entrada de plata para los jubilados que no dependa de que el Estado ponga más recursos todos los años y para siempre?
Dicho de otra manera: que el ahorro no se gaste hasta acabarse, sino que trabaje. Como el departamento que se arrienda: no lo vende para vivir, vive de lo que renta, y el departamento queda.
Las dos respuestas de siempre
Cuando uno plantea esto, aparecen dos respuestas. Los dos que las dan tienen razón en algo.
Está el que dice: hay que poner más plata. Subir la PGU, subir las cotizaciones, hacer más generoso el pilar solidario. Y es verdad que hay que hacerlo, porque hay gente que hoy no alcanza a fin de mes.
El problema es cómo sostener esos compromisos cuando cambia la población. Si aumenta el número de jubilados respecto de quienes cotizan, los ingresos deben alcanzar para más personas. Y si se financia con impuestos, hay que explicar qué recursos públicos se dedicarán a ello y qué otros usos tendrán que esperar.
Está el otro, el que dice: hay que ahorrar mejor. Más competencia, menos comisiones, que la gente cotice. También es verdad. Pero eso no le sirve al que llegó a los 65 con puros hoyos en su historia laboral, ni al que trabajó toda la vida en la feria.
Las dos respuestas aportan, pero dejan preguntas pendientes. ¿Qué hacemos con quien ya llegó a la vejez con poco ahorro? ¿Y cómo logramos que el esfuerzo de hoy deje una base para la generación siguiente? Es ahí donde quiero situar esta propuesta.
Lo que falta
Lo que falta —y esto es toda la idea del libro— es que el ahorro se convierta en una renta que llegue todos los meses, que se reajuste con la inflación, que no se coma el capital y que ese capital pueda quedar en la familia.
Eso es todo. No es magia ni una fórmula secreta. Es una decisión de diseño: en vez de gastar el capital para pagar la pensión, se usa lo que el capital produce, y el capital se conserva.
Suena simple, y en el fondo lo es. Lo difícil es que resulte en el mundo real: que el rendimiento alcance, que los deudores paguen, que la inflación no se lo coma, que ningún gobierno pueda meter la mano en ese fondo y que el sistema aguante un año malo.
De eso se trata el resto del libro: de mirar la idea antes de entrar en la máquina. Y para quien quiera las respuestas completas, está el libro grande.
No es solo un problema chileno
Chile envejece, pero no está solo. Japón, Corea, Italia, España y casi toda América Latina van por el mismo camino: vivimos más y nacen menos. Los sistemas que pagan las pensiones de hoy con el trabajo de hoy sufren con eso. Los de ahorro individual sufren por otro lado: mucha gente llega sin haber podido ahorrar.
Capítulo 3
Por qué un agrónomo
Cuando digo que escribí un libro sobre pensiones, la cara de la gente cambia. «¿Y tú de qué?», me preguntan. Y tienen razón en preguntar: soy agrónomo, enólogo y empresario. No estudié economía.
Lo que hice fue otra cosa: cuatro años. No es una manera de decir; son cuatro años de leer, preguntar y equivocarme. Al principio creía que el asunto se resolvía prestando el fondo y cobrando intereses. Me equivoqué. Después creí que bastaba con que el Estado pusiera un bono. También me quedé corto. Cada vez que me equivocaba volvía a la mesa, y volvía a empezar.
Usé inteligencia artificial todos los días, y lo digo sin vergüenza. Le pregunté miles de cosas, le pedí que me explicara papers que no entendía y que revisara mis números. A veces me corregía. A veces se equivocaba con una seguridad que asusta, y me hacía perder una semana. Aprendí a no creerle y a pedirle la fuente. La idea, el criterio y las decisiones son míos, y de ellos respondo yo. Una herramienta no reemplaza el juicio: lo hace más rápido.
El nogal
Mi manera de mirar este problema viene del campo. Todo agrónomo sabe que antes de plantar hay que estudiar el clima, el suelo, el agua y a quién le va a vender. Y sabe que el nogal demora cuatro o cinco años en dar fruta. Esos primeros años son pura inversión: plantas, abono, riego, poda, trabajo. Recién al quinto o sexto año empiezan las ganancias.
Nadie sensato evalúa un nogal al segundo año. Nadie dice «este árbol no sirve» porque todavía no tiene nueces.
Con las pensiones hace falta esa misma mirada larga. Los gobiernos tienen plazos cortos, mientras la jubilación acompaña a una persona durante muchos años. El nogal no entiende de elecciones: necesita las condiciones y el tiempo que requiere para producir.
La paciencia importa, pero debe ir acompañada de buenas decisiones. Esperar no corrige la falta de agua en un huerto ni la falta de financiamiento en una pensión. Eso no es un problema técnico: es un problema de paciencia, y la paciencia no se vota.
Tres problemas que parecían imposibles
No cuento esto para hablar de mí. Lo cuento porque explica cómo trabajo.
En 1983, la industria del pisco chileno enfrentaba una falsificación que llegaba a más de la mitad del mercado, y el SAG no tenía cómo detectarla. Propuse un método de análisis por cromatografía de gases, adaptado de estudios sobre whisky. Casi nadie creía que resultara; mi propio padre me pidió tres veces que no lo presentara. Dos años después, la falsificación había caído bajo el 10 % y el SAG tenía una norma.
En 1985 desarrollé un modelo climático para identificar zonas de denominación de origen de los vinos chilenos. Con eso se extendió la zona vitícola cerca de un 50 % hacia el sur, hasta Mulchén, donde hoy hay más de mil quinientas hectáreas.
En 1986 me dijeron que Chile no podía producir mostos concentrados tintos para exportar. Lo hicimos.
Tres problemas que parecían no tener salida. Tres veces hubo una. No porque yo fuera más inteligente, sino porque me negué a aceptar que el problema estaba cerrado antes de intentarlo en serio.
Este libro nace de la misma terquedad. No digo que el Modelo Rentista sea la solución. Digo que el problema merece que alguien lo piense de nuevo, con números y sin consignas.
Qué es y qué no es esta propuesta
No es un tratado. Aquí no va a encontrar la demostración técnica ni las páginas del libro grande. Va a encontrar la idea, el razonamiento y las dudas.
No es un panfleto. No le voy a pedir que me crea ni que confíe en mí. Le voy a pedir algo distinto: que haga la cuenta.
No es una promesa de rentabilidad. Es una propuesta de arquitectura. Si los supuestos fallan, el modelo falla, y el libro grande lo dice con todas sus letras.
Capítulo 4
Lo que ya se intentó
Antes de proponer algo nuevo conviene mirar lo que ya se hizo. No por cortesía, sino porque el problema no nació ayer: lleva más de cien años y mucha gente buena lo ha intentado.
En Chile hemos probado tres cosas, y las tres dejaron algo.
Antes de las AFP existieron distintas cajas de previsión, desde fines del siglo XIX y comienzos del XX: los ferroviarios, los profesores, los empleados públicos, los bancarios. Cada una tenía sus reglas y sus beneficios según el sector. Las cotizaciones y los aportes públicos permitían atender sus obligaciones. Esa experiencia dejó una lección que sigue vigente: cualquier promesa previsional necesita explicar cómo se financiará en el tiempo.
No conviene reducir toda esa historia a una sola causa. Las reglas de acceso, los beneficios, la administración y los aportes disponibles importan junto con los cambios de la población. Para este libro, la pregunta útil es qué podemos aprender de esa experiencia.
Las AFP organizaron el ahorro en cuentas individuales a partir de 1981. Ese ahorro es importante y pertenece a las personas. La propuesta de la Administradora de Fondos de Jubilación, AFJ, tiene que respetar lo acumulado y explicar con claridad qué cambiaría al momento de jubilar.
Con sueldos bajos, lagunas e informalidad, muchas personas llegan con un ahorro insuficiente. Eso no se resuelve solamente administrándolo mejor: también hay que abordar el capital que falta y decidir quién financia esa diferencia.
Los apoyos públicos, entre ellos la Pensión Garantizada Universal o PGU —creada en 2022—, ayudan a sostener el ingreso de la vejez; la reforma de 2025 agregó una cotización del empleador, un seguro social y un beneficio por años cotizados. En esta propuesta la PGU sigue siendo pagada por el Estado, pero no se cuenta como una rentabilidad producida por el fondo.
El Modelo Rentista busca complementar esa discusión con un objetivo: que el pago mensual se sostenga en un patrimonio y que la parte heredable pueda continuar ayudando a la familia. Conseguirlo exige recursos, reglas y una transición financiada.
¿Entonces todo estuvo mal? No. Cada una resolvió lo que pudo. Y de las tres sacamos lecciones que sirven para lo que viene.
Cuatro, para ser preciso:
— sin patrimonio no hay herencia.
— sin reglas claras y controles, el patrimonio queda expuesto a usos ajenos a las pensiones.
— sin ahorro suficiente, ningún diseño entrega buenas pensiones.
— el aporte del Estado tiene un costo y debe explicarse.
El Estado ya destina recursos a la protección de la vejez. Mi pregunta es qué parte del esfuerzo público puede contribuir además a formar un patrimonio que siga produciendo ingresos.
Pagar una pensión hoy tiene valor por sí mismo: permite vivir a quien la necesita. Formar patrimonio busca sumar una base para mañana. La propuesta debe cuidar ambas cosas, sin desatender a las personas mientras se construye el fondo.
Capítulo 5
La idea: renta, no gasto
Le voy a contar la idea con un ejemplo que casi todos entienden: el departamento que se arrienda.
Piense en alguien que compra un departamento para arrendarlo. No lo compra para venderlo en cuotas ni para vivir de a poco de él. Lo arrienda. Cada mes recibe una renta, paga los gastos, y el departamento sigue ahí. Al final de su vida, el departamento es de sus hijos.
La comparación tiene límites, y conviene decirlos: un departamento tiene reparaciones, contribuciones y meses sin arrendatario. Un fondo tiene costos de administración, inversiones que pueden bajar y préstamos que pueden no pagarse. En los dos casos, lo que importa es lo que queda después de esos gastos, no la rentabilidad bonita del papel.
El Modelo Rentista busca aplicar esa idea al patrimonio previsional: obtener ingresos para pagar pensiones y conservar el capital conforme a sus reglas. Para lograrlo, los ingresos y las defensas deben alcanzar para los pagos y los costos.
¿Cuánto capital hace falta? El libro utiliza una referencia sencilla: multiplicar la pensión mensual que se financiará con ese capital por 240. Por ejemplo, para una pensión de 500 mil pesos mensuales se requerirían 120 millones de capital. Es una cuenta ilustrativa para entender la relación, no el cálculo del beneficio de una persona concreta.
El 240 resulta de dividir los doce pagos mensuales del año por una tasa anual de 5 %. No significa que la pensión termine a los veinte años. Relaciona un capital con el ingreso que debería producir para cubrir esos pagos sin consumirlo.
Real significa después de descontar la inflación. Dicho de otro modo: los 120 millones son el departamento, y de ahí sale la renta que paga los meses del jubilado.
¿Y si vivo más de treinta años después de jubilarme? La propuesta busca pagar durante toda la vida del beneficiario. Los treinta años son el horizonte de la proyección, razonable considerando la actual esperanza de vida, no una fecha de vencimiento: sean veinte, treinta o cuarenta años, el capital sigue produciendo mientras la persona viva. Eso reduce el miedo a vivir más de lo calculado, aunque no lo elimina: depende de que el rendimiento se sostenga, y eso es lo que prueban los capítulos de riesgo.
El modelo cambia esa decisión: en vez de gastar el capital, se vive de lo que el capital produce. Y como el capital queda al final, puede pasar a la familia.
El piso de referencia del libro es de 539 mil pesos mensuales, en sus valores de base. Para saber cuánto debe completar la AFJ hay que considerar la pensión financiada con el ahorro propio y la PGU cuando corresponda. El piso es el ingreso total que se busca alcanzar; la PGU no se agrega nuevamente por encima de él.
Sobre ese piso, el modelo contempla complementos de 400, 350 y 300 mil pesos mensuales según el tramo de ingresos y los requisitos que define el modelo. Se consideran tanto los jubilados actuales como los nuevos jubilados sobre el piso.
Las pensiones se reajustan por el Índice de Precios al Consumidor, el IPC, para conservar su poder de compra.
Esa es la idea principal y relevante: que el ahorro previsional se comporte como el departamento que se arrienda, no como el pan que se come.
Capítulo 6
De dónde sale la plata
Esta es la pregunta que me hacen siempre, y es la correcta: si las pensiones se pagan con lo que rinde el fondo, ¿de dónde sale la plata para formar ese fondo?
Conviene separar el ahorro propio, los aportes para formar capital y los ingresos que ese capital produce, además de las reglas que se apliquen al sistema para cumplir con los objetivos.
La Administradora de Fondos de Jubilación, la AFJ, se propone como una alternativa al momento de jubilar. Mientras la persona trabaja, su ahorro sigue en la AFP conforme a las reglas que correspondan. Al jubilar podría elegir incorporarse a la AFJ, bajo las condiciones de la nueva ley. El traslado exige información clara y respeto de los derechos existentes.
La AFJ tendría un mandato previsional, autonomía y una operación sin fines de lucro. Eso no significa que administrarla sea gratis. Hay que pagar personal, sistemas, cobranza y auditorías. Esos gastos deben tener financiamiento identificado, límites y cuentas abiertas.
La primera fuente es el ahorro que ya existe y que cada persona aporta al ingresar. Esa transferencia no crea riqueza nueva: cambia quién administra un patrimonio que ya tiene dueño, cada uno de nosotros los cotizantes. Los aportes públicos previstos para completar cuentas y reconocer a determinados grupos son otra fuente y deben financiarse por separado.
La transición contempla, durante la etapa inicial, un aporte estatal de capital mediante el Bono Soberano. Es una obligación pública y debe mostrarse con sus plazos, condiciones y costos. El detalle de montos corresponde a las tablas vigentes del libro y “la calculadora”, mecanismo que se define en detalle en el libro.
Lo que busco es que ese esfuerzo deje un patrimonio y produzca beneficios duraderos. El país puede ganar por distintas vías: mejores pensiones, familias con más tranquilidad y una base para las generaciones siguientes. Cada efecto merece examinarse, pero ninguno vuelve gratuito el aporte inicial.
Acá conviene una precisión que aprendí a la mala: generar un bono no es lo mismo que tener efectivo. El bono es una obligación del Estado; para que se transforme en plata que paga pensiones, tiene que entrar al fondo y ser invertido. Por eso el libro habla de capital que se forma, no de un cheque disponible.
La deuda pública sigue siendo una obligación, aunque al otro lado se forme un activo. El patrimonio de las familias no permite borrar automáticamente esa deuda. Hay que mostrar ambos: qué se compromete el Estado a pagar y qué recursos quedan formados en el sistema.
También debemos separar lo que gana el país de lo que recupera el Fisco. Un eventual aumento del IVA es ingreso fiscal; los intereses que cobra la AFJ son ingresos previsionales; una herencia pertenece a la familia. Son cuentas distintas. La proyección a treinta años debe mostrar costos y compensaciones sin prometer que todo se recupera ni que después solo quedan ganancias.
Si una familia necesita destinar menos de su ingreso a sostener a sus mayores, puede tener más espacio para ahorrar, consumir o invertir. Ese alivio tiene valor, aunque no todo termine en un banco ni se transforme en recaudación, es activación económica y aumento de calidad de vida. Y la tranquilidad de saber cómo vivirá un padre o una madre importa por sí misma.
Otra fuente es la transferencia vinculada al impuesto a las empresas. El diseño parte de destinar al fondo una proporción de esa recaudación. Redirigirla no significa por sí solo subir la tasa del impuesto, pero sí dejar menos recursos para otros usos del presupuesto.
No es plata nueva: es plata pública con otro destino, que tienen retorno social y a largo plazo retorno económico general. Debe aparecer una sola vez como ingreso de la AFJ y también como compromiso en la cuenta fiscal.
Cómo se convierte el fondo en un préstamo
Con estas fuentes se forma el fondo. Ahora veamos cómo una parte de esos recursos puede financiar un préstamo y cómo sus intereses pueden ayudar a pagar las pensiones. Quiero explicarlo paso a paso, porque aquí está una de las ideas centrales del modelo.
Raúl y Patricia quieren comprar su departamento
Pensemos en una pareja, Raúl y Patricia. Encontraron un departamento que vale $200 millones y han logrado ahorrar $20 millones. Les faltan $180 millones. Para concentrarnos en el préstamo, dejemos por un momento aparte los gastos de la compra.
Van al banco y entregan sus antecedentes: cuánto ganan, qué otras deudas tienen y qué cuota podrían pagar. Esta revisión tiene una razón muy sencilla: el crédito debe servirles para comprar su casa sin convertirse en una obligación que después no puedan cumplir.
Supongamos que el banco aprueba la solicitud y se firman los documentos. Para explicar el mecanismo, imaginemos que los $180 millones se abonan en la cuenta de Raúl. Con ese crédito y sus ahorros pueden completar el precio. Es un ejemplo simplificado: la forma concreta de entregar el dinero al vendedor depende de cómo se organice la compraventa.
Qué registra el banco
Al otorgar un crédito, el banco puede crear un depósito en la cuenta del cliente. No necesita retirar previamente esa misma suma de la cuenta de otro ahorrante. Esa es la creación de dinero bancario que explica el Banco de Inglaterra en su publicación de 2014.
En este sentido, explicaré cómo funciona la banca hoy. Cuando Raúl recibe los 180 millones, el banco que originó el crédito anota dos cosas en sus cuentas: el préstamo, que es un activo porque tiene derecho a cobrarlo, y el depósito, que es un pasivo porque debe atender los pagos del cliente. El capital que pasa al prestatario es, al mismo tiempo, una deuda o compromiso de pago.
A medida que Raúl paga las cuotas, la deuda se descuenta y las dos cuentas se netean. Al final del plazo el capital se borra y los intereses quedan para el banco. Ahí se ve cómo el banco crea el dinero en ese acto, y es lo que ocurre desde hace más de cien años. Es una operación difícil de asimilar: a algunos les basta leerla una vez y a otros les toma dos o tres. La explicó el Banco de Inglaterra en 2014, en un artículo de Michael McLeay, Amar Radia y Ryland Thomas , y hay bibliografía que la respalda.
Cómo propongo que opere la AFJ
Ahora llevemos el mismo ejemplo al Modelo Rentista. Mi propuesta es que la deuda de Raúl y Patricia sea con la Administradora de Fondos de Jubilación, la AFJ. El banco realizaría la evaluación y la gestión de la operación bajo las reglas acordadas. La finalidad es que el rendimiento, intereses, del crédito contribuya a las pensiones.
Primero se comprueba que puedan pagar
El banco revisaría los antecedentes de la pareja y tramitaría la aprobación conforme al mandato de la AFJ. No basta con que exista dinero o cupo para prestar: debe existir una posibilidad razonable de recuperar el préstamo. Por eso el primer paso sigue siendo conocer a quienes lo solicitan y comprobar su capacidad de pago. Esta es una función que hoy ya realizan los bancos con buenos resultados, es lo que mejor hacen
Referencia sobre creación de dinero bancario: Michael McLeay, Amar Radia y Ryland Thomas, Banco de Inglaterra, Money creation in the modern economy, Quarterly Bulletin, primer trimestre de 2014, pp. 14–27. https://www.bankofengland.co.uk/quarterly-bulletin/2014/q1/money-creation-in-the-modern-economy
La AFJ asigna el respaldo y transfiere el dinero
Conviene explicar qué son esas Acciones Espejo. Son unidades creadas por la AFJ con una referencia al valor contable de empresas, lo que el libro llama valor libro. Las empresas no entregan sus acciones ni por esa referencia se convierten en deudoras o garantes del préstamo. Tampoco esas unidades son dinero que Raúl pueda entregar al vendedor.
Dentro del modelo, su asignación sirve para identificar el respaldo comprometido y controlar que no se utilice a la vez para otro crédito. En el caso de Raúl, la AFJ compromete Acciones Espejo por el valor del préstamo —por ejemplo, 180 unidades de un millón cada una— y quedan anotadas como respaldo. No son acciones de Hugo, Paco o Luis: son unidades de cuenta de la AFJ y no se descuentan de la cuenta de ningún jubilado. El dinero que recibe el vendedor sale del fondo, del bolsillo que presta, y llega al banco operador para el pago.
El banco cobra por el trabajo que realiza
En este ejemplo propongo una comisión de gestión de 1,5 % sobre el monto prestado, pagada por Raúl y Patricia al contratar el crédito. Sobre $180 millones serían $2,7 millones. Es un costo adicional que la pareja debe conocer y considerar en su presupuesto; no forma parte de los $200 millones destinados a la vivienda.
El banco ganaría por esa gestión y cobraría las cuotas según el contrato. Hacer ese trabajo no lo convertiría en dueño del crédito: el derecho a cobrarlo correspondería a la AFJ a quien deberá entregar los dineros aportados por Raúl.
Qué sucede cuando la pareja paga
Cada cuota debe mostrar por separado cuánto devuelve de capital y cuánto paga de intereses. Esta separación permite saber qué está regresando y qué ingreso produjo el préstamo.
El capital recuperado y el cupo liberado
La parte destinada a capital reduce la deuda pendiente de Raúl y Patricia. Al mismo tiempo, se libera la parte correspondiente de las Acciones Espejo que estaba comprometida. En el mecanismo de creación y compensación que propone el libro, esa cancelación de registros se denomina neteo. De esta forma la AFJ puede destinar esas acciones espejos a nuevos créditos.
Los intereses ayudan a pagar las pensiones
Los intereses que reciba la AFJ son el ingreso que puede contribuir al pago de una pensión o de una parte de ella, Así se entiende el propósito: la pareja financia su vivienda y el rendimiento de ese crédito ayuda a sostener a los jubilados. El capital se recupera; el ingreso neto cumple la función previsional.
Así se conectan dos necesidades que conocemos bien: una familia busca una vivienda y otras personas necesitan una pensión. El mismo cuidado vale para un transportista que renueva su vehículo o una pequeña empresa que amplía su taller. Lo importante es seguir la operación completa: quién presta, quién recibe, quién cobra y qué parte de lo cobrado puede destinarse a las pensiones.
Cómo se pagan los gastos de la AFJ
Ahora quiero detenerme en algo que a veces se pasa por alto: la AFJ también tiene gastos. Hay que pagar a quienes trabajan, mantener los sistemas y revisar las cuentas. Mi propuesta es financiar esos costos con los ingresos del sistema, sin cobrar al jubilado una comisión por permanecer en la AFJ.
Para que eso funcione, los intereses de los préstamos y los rendimientos de las inversiones deben alcanzar para las pensiones comprometidas y sus reajustes por IPC. Solo después de cubrir esas obligaciones puede hablarse de un excedente disponible para reforzar la reserva. Superar la inflación, por sí solo, no demuestra que alcance para todo. Por ejemplo, si los intereses rinden 4 % y el IPC es 3 %, esa diferencia de un punto se reparte: una parte se destina a los gastos de la AFJ y el resto a un fondo de estabilización.
Los tres bolsillos
En el modelo rentista, los fondos de los jubilados se reparten en tres bolsillos, B1 corresponde al crédito para personas, empresas y, con límites propios, el Estado. B2 organiza el capital destinado a lagunas y complementos previsionales. B3 cumple la función de reserva. El 30 % de B2 no debe describirse simplemente como una cartera de inversión en bolsa, el modelo plantea estos porcentajes de operación:
45 % en B1 —crédito para personas, empresas y, con límites propios, el Estado—,
30 % en B2 —capital para lagunas y complementos previsionales—
25 % en B3, la reserva.
Esa distribución es una referencia, no tres fondos separados ni tres pilas de billetes. La reserva que se acumula cada año no es exactamente la cuarta parte del fondo: sube y baja según los ingresos y los pagos. Lo que no cambia es la regla: hay un colchón y hay un límite.
Capítulo 7
Qué se hereda y qué vuelve
Cuando hablo de herencia, la primera imagen que aparece es la de un sobre con plata. No es eso. Y conviene entenderlo bien, porque es una de las diferencias más importantes con el sistema actual.
En el modelo hay dos tipos de plata en su cuenta. Una es la suya: lo que ahorró durante su vida. La otra es la que puso el sistema para completar su pensión. La primera es de su familia, siempre. La segunda depende del caso.
Determinados aportes son heredables y no se devuelven: los previstos para los civiles bajo el piso y los grupos protegidos, como uniformados y los aportes fijos de profesores y pueblos originarios, conforme a sus reglas. Las ampliaciones a otros grupos deben distinguirse de los beneficios ya incorporados en las cuentas.
En los complementos sobre el piso que tienen devolución, la AFJ recupera al fallecimiento el capital que aportó, reajustado por IPC y sin interés real. El capital propio y el saldo heredable correspondiente permanecen para la familia.
Pongámoslo con nombres. Mario entra con su capital propio y recibe un complemento recuperable. Su familia debe poder ver qué parte era de Mario y qué capital retorna a la AFJ. Carmen recibe un aporte heredable para completar el piso: ese aporte no tiene la misma obligación de devolución. La diferencia debe conocerse al entrar, no descubrirse después.
Heredar una cuenta previsional no es recibir una bolsa de efectivo para gastar al día siguiente. El capital sigue dentro del sistema para la jubilación de los herederos. Mientras permanece allí puede generar ingresos, pero continúa teniendo dueño y obligaciones asociadas: no pasa a ser dinero libre de la AFJ.
Y hay casos que hay que resolver: varios herederos, ausencia de herederos, y la protección del patrimonio frente a deudas o embargos. El libro propone que, si no hay herederos, el capital vaya a un fondo solidario, y que la cuenta sea inembargable. Son reglas que tienen que quedar escritas en la ley.
Con los años, una persona podría llegar a jubilar con su ahorro y con patrimonio de la generación anterior. Eso puede reducir la ayuda que necesite, mejorar las jubilaciones de las nuevas generaciones y liberar aportes estatales para otras urgencias, todo contribuye a reactivación económica y mejoras en la calidad de vida.
Capítulo 8
¿Y si ya estoy jubilado?
Es la pregunta que me hacen en la feria, en el almacén, en la once. «Ya estoy jubilado, don Danilo. ¿Esto me sirve o llego tarde?» Y la respuesta honesta empieza por lo que el modelo no puede hacer: no puede inventar décadas de capitalización que no ocurrieron.
Pero tampoco llega tarde del todo. El modelo contempla a los jubilados de hoy en tres cosas concretas.
La primera es el piso. Para quienes cumplen las condiciones y quedan bajo los 539 mil pesos de referencia, el modelo completa la brecha con capital a su nombre, heredable según las reglas. La brecha se calcula considerando el ingreso propio y la PGU cuando corresponda.
Un ejemplo simplificado ayuda: si el ingreso propio y la PGU sumarán 400 mil pesos al mes, faltarían 139 mil para llegar al piso. Es esa diferencia la que habría que financiar. No se pagan 539 mil y luego se vuelve a sumar la misma PGU.
La segunda es que la PGU sigue a cargo del Estado. La AFJ no la transforma en una renta producida por sus inversiones. Que el modelo aspire a reducir necesidades futuras de apoyo no significa que pueda dar por eliminado ese pago ni sus requisitos, esta sería la meta de largo plazo, cuando los fondos que acumulen las generaciones futuras sean suficientes para obtener una buena calidad de vida.
La tercera es el complemento para quienes están sobre el piso y cumplen los requisitos del tramo. En los casos recuperables, al fallecer retorna a la AFJ el capital aportado, reajustado por IPC. La familia conserva el patrimonio propio y el saldo heredable que corresponda.
¿Y cuándo? Ahí también conviene ser claro: esto no empieza el lunes. El libro propone un piloto con los uniformados, y después una incorporación por etapas que la ley tiene que fijar. El orden no lo decide el entusiasmo: lo decide la capacidad de pagar y de auditar.
Para quien hoy vive con una pensión muy baja, la diferencia se siente en el mes: comida, remedios o una visita que antes había que postergar. Para otra persona puede pesar más lo que quedaría para sus hijos, en definitiva mejora la calidad de vida.
Capítulo 9
Los grupos y sus deudas
El modelo no trata a todos igual, porque las injusticias no fueron iguales. Hay cuatro grupos grandes y un quinto más difuso, y cada uno tiene su historia.
El modelo propone comenzar con los uniformados: son 176 mil personas, tienen los mejores registros y una deuda documentada, porque el Estado les paga hoy cerca de 2,84 billones al año en pensiones. Empezar ahí permite probar los candados con datos verificables, medir costos y mora, y corregir antes de escalar. No es un privilegio: es el lugar donde la prueba se puede hacer mejor.
Para los profesores, el diseño contempla un aporte fijo de 400 mil pesos mensuales para la jubilación, expresado como capital previsional heredable. Es un reconocimiento específico, no un aumento de sueldo a trabajadores activos.
Para los pueblos originarios, el modelo contempla también un aporte fijo de 400 mil pesos mensuales para la jubilación, expresado como capital heredable.
Los civiles con brecha reciben el capital necesario para completar el piso según sus reglas. Los que están sobre él pueden recibir el complemento de su tramo, con el tratamiento de devolución ya explicado. No son dos maneras de nombrar el mismo beneficio.
El libro también explora el reconocimiento a pescadores artesanales, pirquineros, temporeros, feriantes, recolectoras de orilla, trabajadoras de casa particular, cuidadoras, transportistas e independientes. Para incorporar estas ampliaciones hay que definir beneficiarios, registros, costos y financiamiento. No deben darse por financiadas solo porque aparecen propuestas en un capítulo.
Las lagunas tienen historias concretas. Un jardinero puede pasar temporadas sin contrato; una persona puede dejar de cotizar para cuidar a sus padres. Son años que aparecen como menos ahorro, aunque hayan sido años de trabajo y esfuerzo. Reconocerlos exige reglas y formas de acreditación, incluidas soluciones para quienes no cuentan con todos sus registros.
Todo esto cuesta recursos. Los cálculos deben separar lo ya incluido en el modelo de cada ampliación que se quiera estudiar, identificar su pagador y comprobar los posibles cruces entre grupos.
El principio que quiero defender es que ese esfuerzo merece reconocimiento. Para convertirlo en un derecho concreto hay que definirlo en la ley y financiarlo: la convicción que inspira una reparación no sustituye esas dos tareas.
Capítulo 10
Cómo se protege en los años difíciles
Un sistema que busca pagar pensiones durante la vida de sus beneficiarios tiene que responder qué pasa cuando las cosas salen mal. La calculadora observa un horizonte de treinta años para estudiar ese recorrido.
El modelo tiene tres defensas. No son tres promesas: son tres mecanismos que se pueden ver.
La primera defensa es la reserva, la plata del invierno. B3 representa una referencia del 25 %, pero el saldo efectivo de la reserva podría cambiar cada año. Debe administrarse con cuidado para que los recursos estén disponibles cuando se necesiten; no todo activo puede venderse rápidamente sin perder valor.
La segunda es un freno automático, que en el libro se llama RAAB. Funciona como un semáforo. En verde, todo normal. En amarillo, se frena la expansión y se refuerza la reserva. En rojo, se protege primero la pensión ya comprometida. Lo importante es que no depende de una reunión: está escrito, y se activa solo.
Otra defensa del diseño modifica, dentro de límites, la proporción de la recaudación empresarial que se destina al fondo cuando cambia la situación de la reserva: sube cuatro puntos por año hasta un tope de 30 % y baja cuando la reserva se recupera, con un mínimo de 10 %. No equivale a modificar la tasa del impuesto: las empresas siguen pagando lo mismo.
Distribuir las inversiones entre distintos emisores y mercados ayuda a repartir riesgos. Una parte puede estar fuera de Chile. Pero varias inversiones pueden caer juntas: por eso diversificar no reemplaza la reserva ni las demás defensas. Se deben establecer reglas auditables para evitar riesgos.
Imagine un año en que los ingresos sean menores que los pagos comprometidos. La reserva puede cubrir la diferencia y deben aplicarse las medidas que indiquen los umbrales del modelo. No basta con mirar cuánto cayó una inversión: hay que revisar el conjunto de ingresos, obligaciones y recursos disponibles.
La reserva no es inagotable. Si las reservas no alcanzan, puede hacer falta apoyo extraordinario del Estado cuando las dificultades excedan las proyecciones, como guerras, pandemia etc., no existe un modelo que cubra todo evento, pero acá se puede compensar.
Las pruebas de crisis permiten observar cómo cambia la reserva y las alertas cuando llegan pérdidas fuertes. El detalle está en el capítulo 17 del libro y en la calculadora vigente. Aquí importa la pregunta que esas pruebas deben responder: cuánto resiste el sistema y en qué momento necesita otras medidas o apoyo.
Por eso el libro propone recalcular cada cinco años. Un sistema previsional no se diseña para siempre: se diseña para durar, revisándose.
Capítulo 11
Lo que puede salir mal
Si un libro sobre pensiones solo cuenta lo que sale bien, no sirve. Así que acá va lo que puede salir mal, sin adornos.
El primer riesgo es que los ingresos sean menores de lo esperado. La regla de 240 no garantiza una rentabilidad. Hay que distinguir el rendimiento de las inversiones de los intereses cobrados y de los aportes públicos, y probar qué ocurre si alguno falla durante varios años.
El segundo es que los deudores no paguen. Elegir bien los créditos ayuda, pero no elimina las pérdidas. Las pruebas deben considerar más mora, recuperaciones lentas y costos de cobranza. La reserva tiene que evaluarse frente a esas dificultades, no darse por suficiente de antemano.
El tercero es la inflación. Asegurar los fondos por IPC protege el monto comprometido en poder de compra, pero obliga a conseguir los ingresos necesarios para pagarlo. La indexación es una obligación del sistema, no una garantía de que sus activos rindan lo suficiente.
Lo cuarto, y para mí lo más grave, es la política. Si el fondo se convierte en caja del gobierno de turno, ninguna cuenta bien hecha basta para protegerlo. Por eso el libro propone una institución autónoma, patrimonio separado por ley, información pública y responsabilidad personal por el uso indebido de los recursos.
A esos resguardos se suma la Unidad de Vigilancia Previsional, la UVP. La propuesta reúne en ella a representantes de Capredena, Dipreca y las asociaciones de pensionados del sistema AFP. Así, uniformados y civiles tienen una instancia propia para vigilar el patrimonio del que dependen sus pensiones.
La UVP no administra la plata ni decide dónde invertirla. Revisa que la AFJ cumpla sus reglas y que las cuentas publicadas correspondan a lo que realmente está registrado. Por ejemplo, si el tablero muestra una reserva que no coincide con los registros del custodio —la entidad que guarda los activos—, puede pedir una revisión independiente que explique la diferencia.
Si se activa una alerta grave y no se aplica el protocolo previsto, la UVP puede alertar públicamente al Congreso. El diseño también contempla que pueda denunciar indicios de uso indebido ante los organismos competentes y publicar un informe semestral en lenguaje sencillo. No necesita elegir inversiones para cumplir esa tarea: necesita información, independencia y atribuciones para exigir explicaciones.
La idea es que los beneficiarios puedan vigilar lo que ocurre con su patrimonio sin depender solamente de la versión de quien lo administra. La UVP complementa las auditorías y la fiscalización; no las reemplaza. Ninguna institución es invulnerable, pero separar estas funciones ayuda a detectar problemas y a hacer visible quién debe responder.
Hay otro riesgo, que no es económico: que la gente no confíe. Un sistema así necesita años de conducta impecable para que la gente crea en él. Basta un escándalo para perder esa confianza, y recuperarla toma mucho más que un buen discurso.
Y hay una trampa en las simulaciones: un escenario puede terminar con una reserva grande y, aun así, haber necesitado ayuda antes, porque las pérdidas llegaron primero. Hay que mirar todos los años, no solo el final.
Un modelo serio no es el que no tiene riesgos: es el que los escribe.
Capítulo 12
Qué falta probar
Llegado a este punto, usted tiene derecho a pedir pruebas. Una proyección de treinta años ayuda a revisar el diseño, pero el compromiso de pagar pensiones durante la vida de las personas también debe comprobarse con datos, revisión independiente y operación real.
Por eso el libro propone empezar con un piloto acotado de uniformados. La finalidad es comprobar el funcionamiento con beneficiarios identificables y reglas claras, antes de una incorporación más amplia.
¿Cómo se vería desde adentro? Una persona ingresa bajo las condiciones del piloto. La AFJ registra su capital y sus derechos, realiza los pagos que le corresponden y muestra qué ocurre con los recursos. La persona debe poder comprobar su cuenta y reclamar si algo no coincide.
El piloto tiene que medir cosas concretas: cuánto cuesta administrar, cuánto demora un pago, cuántos fraudes aparecen, cuánta mora hay, qué dice el tablero. Y tiene que tener una regla de salida escrita antes de empezar: si no se cumplen ciertas metas, no se escala.
También hace falta validación actuarial independiente: revisar cuánto viven los beneficiarios, cuándo se producen los pagos y qué obligaciones quedan para el futuro. Esa revisión debe acompañarse de una evaluación financiera, jurídica y operativa.
Lo tercero es la calculadora. Cualquiera puede abrirla, cambiar los supuestos y ver qué pasa. Si un número no le cuadra, ahí está la fórmula. Eso no es una concesión: es la única forma de que un modelo así sea creíble.
Quedan preguntas abiertas, y no las voy a esconder:
— ¿puede operar el mecanismo de crédito tal como se propone?
— ¿los ingresos alcanzan después de los costos?
— ¿las reservas resisten una crisis larga?
— ¿se cumplen de verdad las reglas de herencia?
— ¿la institucionalidad protege a los dueños del patrimonio?
Son preguntas para responder con contratos, datos y pruebas. Si el piloto no cumple, se detiene su expansión y se corrige lo necesario, siguiendo un plan definido de antemano para proteger a sus participantes. Probar en pequeño tiene sentido si también sabemos qué hacer cuando algo falla.
Por eso no pido que me crean. Pido que se pruebe.
Capítulo 13
Cómo leer el libro grande
El libro grande tiene dos tomos y muchas páginas. Nadie tiene que leerlo entero, y menos para decidir si la idea le interesa.
Puede empezar por la parte que más le interese: qué recibiría una persona, cómo se formaría el patrimonio o qué ocurre en una crisis. No hace falta entender cada fórmula para seguir la idea.
Para profundizar en las cuentas, el capítulo 11 desarrolla grupos y beneficios, y el 13 permite seguir la discusión fiscal. Las cifras deben leerse junto con la calculadora auditable de referencia, la v7.28.
Los capítulos 10 y 11 abordan uniformados, civiles y reconocimientos específicos. El 12 explora ampliaciones a otros grupos. Conviene mantener esa distinción entre lo incorporado y lo que se propone estudiar.
El capítulo 17 reúne las pruebas y el 7 desarrolla la gobernanza y sus controles. Ahí se puede profundizar en las condiciones que esta introducción presenta de manera sencilla.
La calculadora permite revisar supuestos y fórmulas.
El libro no esconde nada: cada supuesto está escrito para que alguien lo pueda contradecir. Y si algo no le cuadra, escríbame. La carpeta de evidencia está abierta.
Una última cosa
Cuando planté mi primer nogal, tenía cuarenta años. Tardó cinco años en dar la primera nuez. Para entonces yo ya había aprendido que lo importante no se apura.
Este libro es una planta de esas. No dará fruta el primer año, ni el segundo. Van a hacer falta diez años de trabajo, un piloto, una ley, gente que lo cuide y gente que lo discuta.
Mi padre no alcanzó a verlo terminado. Mi hijo lo tiene en sus manos mientras lo escribo. Y mis nietos, si la vida me acompaña, aprenderán a leer con este libro en la biblioteca. Ojalá para entonces la vejez no sea un motivo de miedo: que envejezcan sin angustia y que puedan ver a sus padres hacerlo en paz.
No sé si el Modelo Rentista llegará a ser ley. Sé que la pregunta que lo originó —por qué el trabajo de toda una vida no alcanza para la vejez— no se va a ir sola. Y sé que vale la pena intentarlo en serio.
No necesito que esté de acuerdo con todo. Necesito que entienda lo que propongo y que me diga dónde no le cuadra. Y si una palabra no se entiende, pregunte: a alguien que sepa, o a una inteligencia artificial, incluso para que busque las debilidades del modelo. Pero contraste siempre con las reglas y los números: ninguna herramienta tiene la última palabra por responder con seguridad.
Gracias por leer hasta acá. Si algo de esto le sirve, úselo. Si algo no le cuadra, discútalo. Para eso está.